Domaikia - La Piztia

En Domaikia y Zuiaes muy conocida la llamada “Pistia del monte del Carrascal de Domaikia”. Era unaal­imaña que les producía terror y gran temor y que les proporcionaba grandes sustos a los niños y jóvenes que llevaban sus ganados al citado monte.
Dicen que la pistia tenía su morada en la cueva de la peña de Irurachi, del monte del Carrascal, perteneciente a Domaikia.

La Palabra “Pistia”

Piztia_organLa palabra “Pistia”, utilizada en Domaikia y su entorno, hace referencia a un ser peculiar, extraño y abominable que habitaba en la ­frondosidad del monte Carrascal, de esta villa. Sin embargo, esta palabra no fue extraña en tiempos pasados. En la transición entre el euskera y el castellano, muchas palabras euskaldunes se mantenían en el lenguaje coloquial. Aún hoy en día utilizamos algunas sin ser conscientes de ello. Una de ellas, hasta no hace muchos años, fue el vocablo “pistia”. Aún recuerdan algunos vecinos de Kuartango –valle vecino- cómo sus mayores, cuando presentían a un animal salvaje, -aún sin identificar-, decían: “en este monte hay una pistia”,“por aquella zona merodea una pistia”, etc. Era la palabra común con la que designaban a los animales del bosque, a las alimañas no reconocidas aún. En cuanto reconocían al animal, ya no le denominaban “pistia”, sino lobo, jabalí, o lo que fuera. Esto nos hace concluir que, en Domaikia, evidentemente hubo una fiera. La leyenda de la Pistia no nace de la nada; no sería lógico. Hemos de suponer que los vecinos sabrían de la presencia de una pistia por sus sonidos, por sus ataques o por otras manifestaciones. Sin embargo, no lograban concretar qué tipo de animal era, ya que seguían denominándole “pistia”.
El tamaño de este animal debió ser muy grande a juzgar por el terror que infundió en los habitantes del pueblo. Un jabalí –uno de los mayores pistias- nunca hubiese causado aquel pavor. ¿Qué animal pudo haber sido? ¿un lobo? Si hubiese sido un lobo no hubieran tardado en reconocerlo por sus aullidos, por sus huellas o por su forma de matar, tuvo que ser un depredador nada habitual por estos lugares. Una posibilidad es que se tratase de un oso.

A simple vista, hablar de la presencia de un oso por estos montes parece algo descabellado, pero una reflexión más detenida nos llevará a considerar esta posibilidad como algo real. En los siglos pasados, la presencia del oso no fue tan extraña. De hecho, en Álava, en el siglo XVI, las Juntas Generales tuvieron que tomar medidas para contrarrestar el peligro que suponía este animal para los pueblos. Según datos recogidos por Gerardo López de Guereñu, en 1556 se mataron varios osos en Lagrán; y en 1628, otro en Apellániz. Las ordenanzas de Izki obligaban a pagar ocho ducados a los que terminasen con un oso. En los montes de Berberana, -despoblado perteneciente a Laguadia-, quedaban osos todavía en el siglo XVII. En Barrón, en 1742, se dieron “ocho rs y diez y seis mrs que se pagaron a diferentes hombres que han venido con lobos y un oso y otros animales”. Un topónimo nos confirma su existencia en la sierra de Arkamo: “El portillo del Oso”, junto a la lobera, en su descenso a Kuartango. Más cerca de nosotros, la historia nos recuerda que Gorbea ha sido morada de osos hasta tiempos relativamente recientes. Madoz nos dice que en Lekanda cazaron uno, en 1818, con un peso de doscientas libras. Julián Olabarría recoge el dato según el cual, el último oso de Gorbea fue abatido en 1819 por hombres de Orozko. Y hace mención de otro dato no menos interesante: en 1689 deciden dar una batida contra un oso y comienzan ¡desde el alto de Ayurdín!
Como podemos comprobar antaño los osos merodeaban muy cerca de los pueblos.

La Pistia de Domaikia

Domaikia_02De la Pistia hablaban “los abuelos de los abuelos” de Domaikia. Pero ¿qué era la Pistia? La imaginación popular le da muchas formas: un enorme pájaro, algo semejante a un oso, una descomunal serpiente, etc. Sea como fuere, todos le atribuían un gran tamaño y fiereza. Pudo ser el supuesto oso de Badaia. Es posible que aquella “pistía” abandonase la sierra de Badaia para instalarse en la cueva de Iruratxi del Carrascal. También pudo ser otro oso proveniente del Gorbea. No hemos de descartar que fuese otra alimaña. Sea como fuere, aquel animal sembró tal desconcierto y terror en las gentes de Domaikia que su sólo nombre erizaba la piel. No podemos ni siquiera imaginarnos el tiempo que este supuesto depredador habitó por estos montes, causando estragos en animales y –si hacemos caso a las leyendas- a algún niño de la localidad. Lo que sí podemos asegurar es que, con su desaparición, no terminó su dramática aureola. Debió ser tal el pánico provocado que ya nunca transitaron relajados los vecinos de Domaikia por estos pagos.

El mito

Había algo peor que el mismo depredador: no saber qué tipo de animal era.¿Qué animal podía matar de aquella manera? Ciertamente ninguno conocido por ellos. Todo ello provocaba que se desatase la imaginaciónde aquellas inocentes gentes, y concluyesen que, junto a ellos, habitaba el más apocalíptico de los seres vivos. A buen seguro que llegaron a pensar que el más temible de los seres infernales había encontrado posada junto a sus casas. La Pistia sembró un profundo terror en la villa y su entorno. Los pueblos de los alrededores, miraban con recelo a este monte. ¿Qué había allí que tanto miedo les producía a los de Domaikia? Sobre todo, era en la noche, el reino de la oscuridad, cuando más se le temía a este inusitado ser diabólico. Las coplas nos los recuerdan aún:

“En Domaikia, al llegar la noche,

siempre han solido temblar

por miedo a que les salga

la Pistia del Carrascal”.

Julián Olabarría recogió una anécdota significativa del miedo que este mítico ser produjo en los habitantes de la villa: “un sacerdote, que durante muchísimos años fue párroco de Domaikia, estando al atardecer en Murgia, solía decir: “Me voy a casa antes de que se haga de noche, no sea que me salga la pistia del Carrascal”

Cuando un ser maligno adquiere el grado de mito ya no puede ser derrotado con simples estrategias humanas, sino que hay que recurrir a los métodos sobrehumanos. Por eso, en Domaikia invocaban con devoción a la Virgen de Oro, su protectora:

“Santísima Virgen de Oro,

líbranos de todo mal

y de la Pistia del Carrascal”.

O como recogió el mismo Olabarría de una vecina que estaba preocupada por la tardanza de su hija, la cual se encontraba con el ganado. La hija le respondió que “los bueyes se los llevó la pistia, tardando mucho en encontrarlos, contestándole su madre:

“Santo Dios,

líbranos Señor,

de todo mal,

y a Vicenta

de la pistia del Carrascal”

Enfrentarse a la Pistia requería una gran dosis de valor. Entre los chavales de Domaikia y los de los pueblos cercanos, bien fuese Aperregi o Jugo, eran frecuentes las peleas a pedradas. En una ocasión, los mozalbetes de Aperregi dominaron a los de Domaikia, haciéndoles retroceder hasta la misma fuente del pueblo. Los mayores observaban sonrientes la escena. Uno de ellos les dijo con reproche a los rapaces locales: “si no sois capaces de enfrentaros a los de Aperregi, ¿cómo vais a ser capaces de hacerlo con la Pistia?”.

Cuentan los mayores que, antiguamente, se hablaba mucho de la Pistia. Si uno de Domaikia salía fuera del pueblo y le preguntaban por su procedencia, era muy frecuente que, al saber su origen, le dijesen: “¡hombre, del pueblo de la Pistia!”.
No sólo en los pueblos de alrededor habían oído hablar de la Pistia, sino también en lugares más alejados; así, hay constancia que en localidades tan alejadas, como Oñate (Gipuzkoa), había vecinos que conocían la historia de la Pistia de Domaikia.
El hecho de tener referencias de esta misteriosa y dañina alimaña hacía que algunos tuvieran un cierto reparo en ir a Domaikia… ¡por si acaso!